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Taj Mahal, monumento al amor eterno

El mayor símbolo de amor puro y absoluto por encima de razas, religiones o culturas es sin duda el mausoleo del Taj Mahal. Su construcción alberga la tumba de la que fuera el gran amor de un sultán mogol. Está plagada de multitud de leyendas y ha servido durante años para mitificar el amor eterno, fascinando e inspirando a viajeros y escritores a lo largo de los siglos. ¿Qué tal si conocemos un poco sobre la historia real que inspiró la construcción de una de las siete maravillas del mundo moderno?

El Taj Mahal está ubicado en las cercanías de la ciudad de Agra, en el estado de Uttar Pradesh, India, y fue construido en el siglo XVII. Su inmortal belleza se nutre del antiguo amor entre un emperador y su esposa; y es que el Taj Mahal representa poesía hecha arte, un canto al amor, una obra sublime que sólo un alma enamorada sería capaz de ofrecer al mundo.

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En el año 1607 cuando el entonces Príncipe Imperial Yurram, más tarde conocido como el emperador musulmán Shah Jahan, conoció en un bazar de la ciudad india de Agra, a la princesa Arjumand Banu Begum, de sólo 15 años e hija del Primer Ministro de la Corte. Cuenta la leyenda que la joven estaba probándose un collar de diamantes por valor de 10.000 rupias y el príncipe, que no era precisamente pobre, pagó sin dudar la joya, conquistando de inmediato el corazón de la princesa.

A pesar de su condición de príncipe, las razones de estado le obligaron a olvidarse de Arjumand y tomar por esposa a alguien de su mismo rango, una princesa hija del rey de Persia, pero el príncipe nunca pudo olvidarse de aquella joven que había conquistado su corazón y, dado que la ley musulmana le permitía tener varias esposas, cinco años después de ese primer encuentro y sin haberse visto ni una sola vez más, el príncipe pudo cumplir con su sueño y casarse con su amada. El emperador, durante la ceremonia de matrimonio nombró a Arjumand, Mumtaz Mahal, ‘la elegida o la perla del palacio’ según las diferentes traducciones.

Arjumand se convirtió en su esposa favorita y tras 19 años de feliz matrimonio, durante una visita a la campaña de Burhanpur, Mumtaz Mahal falleció repentinamente al dar a luz al décimo cuarto hijo de la pareja, una niña llamada Gauhara Begum. Antes de morir, Mumtaz le pidió a su rey que cumpliera con las siguientes promesas:

  • que construyera su tumba,
  • que se casara otra vez,
  • que fuera bueno con sus hijos;
  • y que visitara su tumba cada año en el aniversario de su muerte.

Taj Mahal

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Jahan cumplió con la primera de las peticiones de su esposa, y, para su desgracia, la única que el emperador pudo cumplir. Jahan se propuso que Mumtaz tendría la tumba más hermosa que el mundo hubiera visto jamás, rindiéndole así un homenaje a su amada que perdurara por los siglos de los siglos y lo consiguió. Con esa idea en mente, el emperador mandó construir el complejo de edificios del Taj Mahal, que se traduce generalmente como “Palacio de la Corona” o “Corona del Palacio”, aunque los historiadores afirman que su designación no es más que una abreviación del nombre de Mumtaz Mahal.

La ubicación elegida fue la curva del río Yamuna que llega a Agra desde el norte para que sus aguas reflejaran los cambios de luz de los muros de mármol blanco del palacio cuya construcción se prolongó durante veintidós años, finalizando en 1653. Más de veinte mil obreros participaron en la construcción de este homenaje al amor según los planos de un consejo de arquitectos procedentes de India, Persia y Asia central, aunque parece que el auténtico inspirador fue el propio emperador.

Para su construcción se emplearon los mejores materiales sin importar su lugar de procedencia. Todo era poco para su amada. Una de las leyendas que rodean esta hermosa historia es que fueron más de mil elefantes los que transportaron el mármol fino y blanco de sus paredes que se trajo de las canteras de Rajastán. Carretas tiradas por bueyes, búfalos y camellos llevaron hasta Agra el jade y cristal de la China, las turquesas del Tíbet, el lapislázuli de Afganistán, la crisolita de Egipto, las ágatas del Yemen, los zafiros de Ceylán, las amatistas de Persia, el coral de Arabia, la malaquita de Rusia, el cuarzo del Himalaya, los diamantes de Golconda y el ámbar del océano Índico para decorar las paredes y estancias del mausoleo.

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Pero aunque el mausoleo es el edificio más emblemático, el Taj Mahal no se trata de una sola construcción, sino de todo un complejo de grandes dimensiones. Rodeando al recinto hay una alta muralla de arenisca roja con una monumental puerta de entrada en el sur por la que se accede a un inmenso patio de 300 metros de ancho, con un estanque de mármol en el centro que refleja los edificios, produciendo un efecto adicional de simetría.

Cada sección del jardín está dividida por senderos en dieciséis canteros de flores, con un estanque central de mármol a medio camino entre la entrada y el mausoleo. El mausoleo propiamente dicho se halla justamente al otro lado del patio, en el norte, y está emplazado en un jardín simétrico, típicamente musulmán, cruzado por un canal flanqueado por dos filas de cipreses donde se refleja su imagen más imponente, con una majestuosa cúpula que ha sobrevivido a las numerosas guerras a lo largo de la historia gracias a una gigantesco andamio que se le colocó como protección en previsión de un ataque aéreo de la Luftwaffe y, posteriormente, de la fuerza aérea japonesa y que se volvió a erigir durante las guerras entre India y Pakistán de 1965 y 1971.

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Dentro del mausoleo se encuentra la cámara mortuoria rodeada de finas paredes de mármol incrustadas con piedras preciosas que filtran la luz natural. En ella se encuentran ambas tumbas, la de Mumraz representada por una pequeña tablilla que simboliza el papel en blanco sobre el que escribe su marido y la de Jaham, en la que se representa una pequeña caja de plumas para escribir.

Debido a este gran homenaje de Jahan hacia su amada esposa, el emperador no reparó en costes y los cincuenta millones de rupias que finalmente gastó en su construcción, que según la valoración actual podrían suponer más de quinientos millones de dólares, le provocó caer en una ruina económica y consecuentemente en la pérdida de su trono a manos de su tercer hijo Aurangzeb en 1658. Éste, le confinó al encierro en el Fuerte Rojo, desde donde, enfermo y derrotado, contemplaba el Taj Mahal, su gran obra y refugio para el descanso eterno de ambos.

A su muerte, a la edad de 74 años y después de largos años de enfermedad, fue su propio hijo, Aurangzeb, el que desterró la idea de hacer realidad el sueño de su padre encargándose además, de romper la simetría que regía en todo el complejo del Taj Mahal enterrando a su padre al lado de Mumtaz Mahal. En un principio la tumba de Mumtaz se encontraba en el centro exacto de la sala principal, por lo que al añadir la de Jahan todo el conjunto queda desplazado hacia un lado.

Lo cierto aquí es que Jahan consagró su vida a la construcción de ese monumento y durante siglos todas las historias y leyendas han logrado inmortalizar este monumento como el símbolo del amor eterno para los enamorados.